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Glosario
Ciclo del Agua |
El agua es un compuesto con características únicas, de gran significación para la vida, el más abundante en la naturaleza, y determinante de los procesos físicos, químicos y biológicos que gobiernan el medio natural.
La molécula del agua resulta de la combinación de un átomo de oxigeno con dos de hidrógeno. Esta combinación se resume en la simple formula H2O. Una de sus propiedades más importantes es su papel como su solvente, es decir, su facilidad para disolver o solubilizar una gran cantidad de sustancias, de ahí que rara vez se la encuentre pura.

El agua cubre cerca del 71% de la superficie terrestre formando océanos, casquetes polares, aguas superficiales y subterráneas. Todos estos elementos conforman la hidrosfera. Se estima que el volumen de agua de la hidrosfera es de 1.386 millones de km3. De este volumen el 96,5 % se encuentra en los océanos como agua salada y el 3,5 % restante como agua dulce proveniente del continente. De este ultimo porcentaje, el 69 % se encuentra en forma sólida en los glaciares y el 30 % como agua subterránea, quedando solamente el 1 % conformando los ríos, lagos, lagunas, etc.
El proceso continuo de circulación del agua, en sus diversos estados en la esfera terrestre se conoce como ciclo hidrológico.
Bajo la influencia de la radiación solar, el agua se evapora hacia la atmósfera en grandes proporciones desde el océano y en menor grado desde el continente. Este vapor de agua es transportado por el viento y es luego condensado en las nubes. A partir de éstas, el agua cae sobre la superficie terrestre en forma de lluvia o en forma sólida (granizo, nieve, etc), hecho conocido como precipitación.
Una parte de esta precipitación es parcialmente retenida en las hojas de las plantas antes de llegar al suelo. De allí, una parte es evaporada nuevamente, en tanto que la fracción que cae al suelo, puede bien infiltrarse o escurrirse por las laderas bajo la acción de la gravedad, siguiendo la dirección de la inclinación del terreno.
El proceso por el cual el agua penetra en el suelo a través de sus poros, y se dirige hacia las capas inferiores o subsuelo, se denomina infiltración. Parte del agua que se infiltra es absorbida por las plantas y otra cantidad continúa infiltrándose hasta llegar a alimentar las aguas subterráneas.
Se pueden definir dos zonas en el suelo: una no saturada de agua y otra inferior saturada. La zona saturada se caracteriza por que el agua se encuentra en los poros del suelo conjuntamente con el aire, mientras que a determinada profundidad en la zona saturada, el agua llena completamente estos poros.
Parte del agua que se infiltra, se desplaza paralelamente a la superficie a través de la zona no saturada del terreno como flujo subsuperficial, hasta llegar a los nacimientos o los manantiales de los ríos. Las aguas subterráneas, limitadas en su parte inferior por formaciones impermeables, no permanecen estáticas, sino que se desplazan y forman el flujo subterráneo, parte del cual alimenta también los cursos de agua. El agua que se mueve a través de la cuenca sobre la superficie, a manera de corrientes o cursos de agua, forma el flujo superficial. Estos tres flujos, superficial, subterráneo y subsuperficial, conforman el proceso conocido como escorrentía, y son los que integran los cauces de las corrientes y alimentan los diferentes almacenamientos para finalmente llevar el agua hacia el mar.
Estas corrientes superficiales según su tamaño reciben diferentes nombres, siendo las quebradas y los riachuelos las de menor tamaño y los ríos las de mayor. El mayor tamaño se relaciona con la cantidad de agua que puede transportar una corriente, para lo cual se mide el caudal, es decir, el volumen de agua que pasa por una sección del río por unidad de tiempo.
Cuando ocurre una elevación muy fuerte del caudal, hecho conocido como creciente, se produce un desborde del agua del lecho del río y una inundación en sus riberas o zonas circundantes causando efectos catastróficos para las poblaciones vecinas a un río.
Las
fábricas, los vehículos y la quema de combustibles liberan a la atmósfera
sustancias contaminantes como el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre
que, junto con el agua atmosférica, se combinan para formar ácidos diluidos.
La lluvia que contiene estas sustancias se conoce como lluvia
ácida, la cual tiene efectos nocivos en el suelo, la vegetación, las
edificaciones y la salud del hombre.
El agua durante su paso por el suelo, va disolviendo sustancias que se encuentran en él, y las va transportando hacia las capas inferiores para alimentar el agua subterránea, en un proceso conocido como lixiviación. Las sustancias contaminantes producto de las actividades humanas, que son disueltas por el agua y que son transportadas a los depósitos subterráneos se llaman residuos lixiviados, los cuales producen una severa contaminación de las fuentes de agua.
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