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El Mundo de los
Suelos
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UN PLANETA DE OTRO MUNDO
Una
tarde de domingo el profesor Cateto se encontraba descansando en un cómodo
sillón leyendo el periódico después de haber almorzado una suculenta bandeja
paisa; le llamo la atención un artículo sobre avistamientos de ovnis en
los últimos días.
A medida que iba leyendo su imaginación comenzó a trabajar, visualizando toda clase de naves espaciales y seres extraterrestres que visitaban nuestro planeta. Al cabo de un rato se quedó dormido con el periódico en las manos y empezó a tener un extraño sueño.
En éste se encontraba paseando por las montañas cuando una fuerte luz lo encegueció y de un momento a otro estaba frente a él una gigantesca nave espacial de donde descendió un ser de forma humana, muy parecido a su sobrino Eugenio pero muy alto y con una vestimenta muy extraña. Este personaje al ver al profesor Cateto se le acercó como flotando sobre el aire y haciéndole un saludo muy extraño con la mano le dijo: “Yo soy el comandante Oinegue y vengo de un planeta muy lejano. He recorrido cientos de planetas investigando sus accidentes geográficos pero en ninguno de ellos he encontrado a alguien que me pueda explicar el origen de los sistemas montañosos que he encontrado ¿Podría usted explicarme?”
El profesor Cateto quedó petrificado con esta aparición pero después de unos segundos reaccionó y también saludo al extraterrestre: “Mi nombre es Cateto y estaré encantado de ayudarle, pero primero le recomiendo que estacione su nave en otro sitio pues ese es el cráter de un volcán inactivo, pero que en cualquier momento puede hacer erupción y tendría que quedarse en la Tierra para siempre”.
Ambos
subieron a la nave y el profesor Cateto le comenzó a hablar al Comandante
así: “En la Tierra los continentes flotan sobre un magma líquido de la misma
manera que una balsa flota sobre el agua; cada isla flotante se conoce como
placa tectónica”. Y prosiguió mientras la nave sobrevolaba la cadena montañosa
de los Andes: “Hace millones de años, al desplazarse las placas, fue inevitable
que se estrellaran unas con otras; entonces, las fuerzas internas
que se generan en los sitios cercanos a estos choques producían grandes
terremotos, erupciones volcánicas y esto hizo que se formaran los diversos
accidentes montañosos de la Tierra”.
“Las montañas pueden clasificarse -explicaba el profesor Cateto- según su origen en sedimentarias e ígneas. Las primeras se formaron cuando los mares prehistóricos descendieron en su nivel y el sedimento que quedó se solidificó y debido a tremendas fuerzas internas de la Tierra, el suelo se levantó y formo estas cadenas montañosas. En cuanto a las de origen ígneo se formaron por erupción de volcanes y a medida que el magma se solidificaba se fue formando la superficie de las montañas”. “Pero las montañas parece que han cambiado mucho desde su formación, ¿no? ¿porqué las montañas cambian?” Interrumpió curioso el comandante Oinegue.
“Acá en la Tierra -contestó el profesor Cateto- la intervención del hombre ha sido el principal agente de modificación del suelo. Algunas veces esta intervención es catastrófica, pues afectamos las características del suelo sin pensar en las consecuencias futuras. Por ejemplo la erosión se presenta, en la gran mayoría de los casos, a causa de la mala utilización de los recursos naturales por parte del hombre. De otro lado tenemos las lluvias, los terremotos y en general las catástrofes naturales que ocurren en la Tierra”.
Después de esta explicación, el comandante
Oinegue quedó muy contento pues ahora comprendía mejor el comportamiento
del suelo. Después de guardar un momento de silencio le dijo al profesor
Cateto “Por qué no viene usted conmigo! Con sus conocimientos mi raza podrá
evolucionar rápidamente.
Yo
lo nombraría Asesor especial en asuntos geológicos de mi planeta y sería
muy importante y muy reconocido”. Al profesor Cateto la idea le resultaba
muy interesante, pero cuando estaba a punto de subirse a la nave espacial,
su sobrino Eugenio se lanzó sobre él con una nave espacial de juguete despertándolo
intempestivamente y casi matándolo del susto.