Día Internacional de la Tierra: Un día para recordar que el planeta y la biodiversidad no se cuidan solos
- En Colombia, la conmemoración cobra una dimensión especial. El país es el segundo más biodiverso del mundo y alberga aproximadamente el 10 % de la biodiversidad planetaria en apenas el 0,7% de la superficie terrestre.
- Sus bosques naturales representan el 1,5 % del bosque del planeta y no son solo paisaje: son proveedores de agua dulce para millones de personas, reguladores del clima local, regional y global, refugio de especies endémicas y territorios de vida para comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas cuya existencia está entretejida con la del árbol.
Bogotá, D.C., 22 de abril de 2026. En esta misma fecha del año 1970, más de veinte millones de personas salieron a las calles de Estados Unidos para exigir un planeta más limpio, más verde y justo. Ese día nació el Día de la Tierra, impulsado por el senador Gaylord Nelson tras contemplar la devastación ambiental que dejó el derrame de petróleo de Santa Bárbara en 1969. Cincuenta y seis años después, la fecha se conmemora en más de 190 países como el recordatorio anual más convocante de que los ecosistemas del planeta —sus bosques, sus ríos, su atmósfera— no son recursos infinitos: son sistemas vivos cuya salud determina la nuestra.
Es por esto por lo que cuidar los bosques no es una tarea poética. Es una obligación técnica, legal y ética. Y es precisamente en ese cruce donde actúa el Ideam. Como lo asegura el subdirector de Ecosistemas e Información Ambiental, Raymond Jiménez, “El Ideam a través del Sistema Nacional de Monitoreo Forestal de Colombia, genera la información necesaria para la toma de decisiones a todo nivel, que hace seguimiento a la deforestación y que apoya técnicamente los procesos de restauración, aportando al conocimiento de la riqueza en biodiversidad del país. Estamos seguros de que con la información generada desde el Ideam apoyamos la generación de conciencia de la protección no solo de las selvas en un país mayoritariamente de bosques naturales, si no del planeta en un contexto de crisis climática.”
En términos específicos, los bosques naturales de Colombia almacenan en promedio 173 Toneladas de carbono por hectárea (tC ha-1), de acuerdo con la información generada por el primer ciclo de implementación del Inventario Forestal Nacional de Colombia, reportada ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
El total acumulado en biomasa aérea de los bosques del país asciende a cerca de 12 6,1 petagramos de carbono almacenados en la biomasa aérea, subterránea, carbono orgánico en suelos y detritos de madera, que permanecen fuera de la atmósfera mientras el bosque esté en pie. Para ponerlo en perspectiva: esa cantidad supera las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la Unión Europea durante más de cuatro años. Cuando un bosque se deforesta, ese carbono se libera. Cuando se conserva, actúa como un seguro climático que protege no solo a Colombia sino al planeta entero.
Más allá del carbono, los bosques albergan el agua. El 70 % del agua dulce que consume Colombia proviene de ecosistemas boscosos. Las cuencas hidrográficas que nacen en Los Andes y discurren por la Amazonía, el Pacífico y la Orinoquía alimentan los embalses que generan energía eléctrica, los ríos que riegan cultivos y los acueductos que sirven a millones de hogares. Destruir el bosque es, en términos prácticos, destruir esta fuente de agua.
Y están las comunidades. El 58 % de los bosques colombianos se encuentra bajo alguna figura de ordenamiento de origen comunitario, tales como resguardos indígenas, territorios colectivos de comunidades negras y zonas de reserva campesina. Para estas poblaciones, el bosque no es un recurso: es su casa, su farmacia, su despensa, su memoria cultural. La pérdida del bosque es también la pérdida de su forma de vida.
El fundamento legal: cuidar el bosque es una obligación del Estado
El cuidado de los bosques colombianos no depende de la buena voluntad de turno: está establecido en la ley 99 de 1993 —que organizó el Sistema Nacional Ambiental y creó el Ministerio de Ambiente— que consagró en su artículo 3 el desarrollo sostenible como principio rector de la política ambiental del Estado, definiendo la obligación de preservar y aprovechar los recursos naturales de manera que satisfagan las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las propias.
Y es que destruir el bosque, en Colombia, no es una infracción administrativa: es un crimen como lo contempla la Ley 2111 de 2021 la cual incorporó al Código Penal colombiano la deforestación como delito autónomo. Quien sin permiso de la autoridad competente tale, queme, corte, arranque o destruya áreas iguales o superiores a una hectárea de bosque natural podrá recibir una pena de entre cinco y doce años de prisión, pena que puede incrementarse cuando la conducta se realice para el acaparamiento de tierras, para cultivos de uso ilícito o para la construcción de infraestructura ilegal. En ese marco normativo se fijaron las funciones del Ideam como entidad técnica y científica del sistema ambiental, incluyendo la producción de información sobre los ecosistemas estratégicos del país. El Decreto 1655 de 2017 fue más allá: definió con precisión el Inventario Forestal Nacional, el Sistema Nacional de Información Forestal y el SMByC como las tres herramientas oficiales de monitoreo forestal, estableció sus responsabilidades institucionales y articuló su funcionamiento con los sistemas internacionales de reporte ante la CMNUCC. Desde ese año, operar estas herramientas de manera permanente, rigurosa y pública no es una opción del Ideam: es un deber del Estado colombiano con su territorio y con el planeta.
Esto lo confirma el coordinador del Sistema de Bosques y Carbono, Edersson Cabrera, “en este Día Mundial de la Tierra, el Ideam extiende una invitación concreta: Conocer el estado de los bosques en su región, compartir los datos con su comunidad, exigir que las autoridades locales actúen sobre los núcleos de deforestación que el SMByC ya tiene identificados y la transparencia de la información es la primera línea para asegurar la conservación del bosque, pues esa conservación la ejerce mejor quien más la conoce”.
Los bosques colombianos almacenan el equivalente a cuatro años de emisiones de la Unión Europea. Albergan el 10 % de la biodiversidad del mundo. Proveen el agua que beben millones de colombianos. Sostienen la vida de comunidades enteras. Y cada año, el Ideam los mide, los registra y los monitorea con ciencia. Pero los bosques también necesitan que cada colombiano entienda que cuidar la Tierra no empieza en el satélite: empieza en la decisión diaria de tratarla como lo que es —nuestro único hogar.